La huelga galante

Además de por su elegante música, paradigma del Clasicismo vienés, Franz Joseph Haydn (1732-1809) es uno de los músicos más admirados por el ingenio y sentido del humor que salpican toda su obra. El maestro austriaco protagoniza infinidad de anécdotas, documentadas o apócrifas, varias de las cuales han llegado hasta nosotros asociadas a los títulos de sus cuartetos de cuerda o sus más de cien sinfonías. El de Haydn no es un humor para la carcajada; es un guiño inteligente y sutil, mucho más fácil de percibir y valorar por los oyentes del siglo XVIII, acostumbrados a la música galante.

La de la sinfonía nº 45 o “Sinfonía de los adioses” (Abschieds-Symphonie) es una historia bien conocida. El príncipe Nikolaus Esterházy, para el que trabajó Haydn la mayor parte de su vida, tenía por costumbre pasar el verano en el fastuoso palacio familiar de Süttor, llamado Esterháza. Los sirvientes del noble, entre ellos los miembros de su orquesta con Haydn al frente, tenían que abandonar a sus familias durante el periodo estival hasta que el príncipe tuviera a bien regresar a Viena. Pero en 1772 el buen tiempo duró más de lo habitual y Nikolaus Esterházy prolongó la estancia indefinidamente. En una época en la que las relaciones laborales se basaban exclusivamente en los deseos del patrón, nadie se atrevía a sugerir siquiera la idea del regreso. Nadie excepto Haydn pero, eso sí, a su manera.

El príncipe se dispone a escuchar uno de los conciertos que amenizan sus vacaciones en Esterháza. Haydn dirige la orquesta mientras toca su violín. Tras los habituales tres primeros movimentos de la sinfonía, la orquesta comienza a atacar el explosivo final (presto en 2/2). Cuando la forma sonata llega a su recapitulación, una inesperada interrupción da paso a un adagio (3/8). Es entonces cuando se produce algo inaudito: los miembros de la orquesta van dejando de tocar uno a uno, apagan la vela del atril, se levantan, hacen una reverencia… y abandonan la estancia. Así hasta quedar solo dos violines que finalmente también se largan dejando boquiabierta a la noble concurrencia.

Daniel Barenboim dirige la Wiener Philharmoniker en el Concierto de Año Nuevo 2009 (Neujahrskonzert) En este video se intercalan imágenes de la casa-museo de Haydn antes de que Barenboim y los miembros de la Filarmónica de Viena se desaten en un final lleno de gags muy del gusto del Concierto de Año Nuevo.

Lo que ahora puede parecer una simple broma musical, bien pudo ser interpretado en su momento como una intolerable e indisciplinada provocación y, con otro patrón menos comprensivo, habría costado sin duda el puesto a todos y cada uno de los músicos. Pero parece que Nikolaus Esterházy, que era sensible al arte y valoraba especialmente a su compositor Joseph Haydn, entendió la indirecta y comentó: “Bueno, si se van todos, igual nosotros también debemos marcharnos…” e inmediatamente dio la orden de partir a Viena al día siguiente.

También merece la pena…

En esta interpretación (mucho menos histriónica que la de Barenboim) Adam Fischer dirige a la Haydnphilarmonie en el mismo lugar en el que se estrenó la sinfonía en 1772: la sala de música del Palacio Eszterháza.

Un extracto del documental “Celebrando a Haydn” en el que el gran actor Peter Ustinov explica la historia de la sinfonía de forma muy amena (subtítulos en español)

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