Unas cuantas copas, Franklin y el canto de la loca

Seguramente cualquiera de nosotros, al ver este anuncio de televisión, haya sentido una especial fascinación por el sonido etéreo –casi “fantasmal”- producido por unas simples copas frotadas:

Más de uno pensará que la música está en realidad producida con medios electrónicos con el fin de crear una fantasía publicitaria. Pero no, en el anuncio de Skoda se utilizan un total de 597 copas de cristal suizo. Algunas están simplemente para configurar la silueta del automóvil, pero otras efectivamente son tocadas por el checo Petr Spatina, intérprete de un curioso instrumento llamado glass harp inventado por el irlandés Richard Pockrich en 1741 al combinar copas de diferente tamaño que se afinan mediante distintos niveles de agua y se ponen en vibración al frotar su borde con los dedos mojados.

Pues bien, lo que para la mayoría no pasa de la fascinación o la mera curiosidad, puede suponer un reto para una mente creativa como la de Benjamin Franklin (1706-1790) quien, además de una labor política que le llevó a figurar en los billetes de 100 dólares, como buen ilustrado fue un personaje muy interesado por la ciencia y nos dejó unos cuantos inventos: el más conocido es el pararrayos, pero también el cuentakilómetros, utensilios médicos… y la armónica de cristal. Durante un viaje por Europa, Franklin asistió en Cambridge a un concierto de copas musicales interpretado por el inglés Edward Delaval.

El músico inglés Robert Tiso interpreta con glass harp el preludio de la Partita Nº 3 en Mi mayor BWV 1006 para violín solo de Johann Sebastian Bach:

En el video anterior se utilizan 39 copas que abarcan un total de dos octavas y un tono afinadas cromáticamente según la disposición:

Pero regresemos a nuestra velada musical en Cambridge. Además de disfrutar del peculiar concierto, Benjamin Franklin debió llegar a la conclusión de que el instrumento en cuestión tenía, ciertamente muchas limitaciones: no podían tocarse más de dos notas a la vez, algunos intervalos eran muy complicados, había que hacer pausas para mojar los dedos, se tardaba un buen rato en llenar de agua las copas con la cantidad correcta para que sonaran afinadas…

Con la idea de corregir todos estos problemas, Franklin inventa en 1762 un nuevo instrumento de sonoridad similar a las copas musicales pero mucho más práctico: la glass harmonica (armónica de cristal). Consiste en una serie de 37 cuencos de cristal de diferentes tamaños alineados en un eje que los hace girar con un pedal parecido al de las máquinas de coser. Wolfgang Amadeus Mozart conoció el invento gracias a una actuación de las hermanas Davies (Cecile, soprano y Marianne a la glass harmonica)  y utilizó el nuevo instrumento en algunas obras; la más célebre de todas es este “Adagio für Glasharmonika”  en Do Mayor K.356 de 1791 (el mismo año de la prematura muerte del compositor) interpretado aquí por Christa Schönfeldinger:

EL INSTRUMENTO DE LA LOCURA

Un sonido mágico, hipnótico, pero… “desquiciante”. ¿Puede Mozart ser desquiciante? Nos tememos que en un instrumento como éste, sí. Mozart y cualquiera. Y no es una idea nuestra: la armónica de cristal llegó a prohibirse en algunos lugares acusada de provocar depresiones, infidelidades, cáncer y hasta muertes súbitas entre el público, pero sobre todo responsabilizada de llevar a la locura a quienes se atrevían a tocarla:

 “la armónica estimula en exceso los nervios y sumerge al músico en una acuciante depresión y, por lo tanto, en un oscuro y melancólico humor que acaba llevándolo a una lenta auto-destrucción. Si sufre de algún desorden nervioso, no debería tocarlo; si aún no se encuentra enfermo, no debería tocarlo; si se encuentra melancólico no debería tocarlo”

 Son palabras del crítico alemán Friedrich Rochlitz, publicadas en los primeros años del XIX en el periódico musical Allgemeine Musikalische Zeitung.

Y es que, efectivamente, el artilugio de Franklin parecía tener un efecto pernicioso sobre los músicos y pasó de ser un instrumento de moda al más oscuro olvido. Hoy en día se sabe que, supersticiones al margen, hay una explicación racional  para esta leyenda negra: el saturnismo o plumbosis. El contacto continuado con los cristales, que contenían gran cantidad de plomo, provocaba un lento envenenamiento similar al que sufrían algunos pintores intoxicados por los materiales de su arte (Caravaggio, Goya y Van Gogh, entre ellos) y otras personas expuestas a este metal. En el mundo de la música, el caso más célebre es del de Beethoven que, de acuerdo con los análisis efectuados en sus restos, padeció este mal que le agrió el carácter, le provocó la sordera (como a Goya) y aceleró su muerte. Así que los efectos de la plumbosis (trastornos nerviosos, dolor de cabeza, irritabilidad, cambios de humor, depresión, pérdida de memoria…) fueron popularmente achacados a la glass harmónica: el instrumento maldito de la locura. Afortunadamente, el cristal que se emplea hoy en día no contiene plomo, pero la leyenda negra de la armónica de Franklin hizo que dejara de componerse para el instrumento y que fuera sustituido por otros como la celesta.

Junto con el adagio de Mozart, la otra gran intervención de la armónica de cristal en el repertorio culto no podía ser más adecuada: es la célebre “escena de la locura” de la ópera Lucia di Lammermoor, estrenada en Nápoles en 1835 con música de Gaetano Donizetti (1797-1848). Este “drama trágico en tres actos” es una de las cumbres del Bel Canto e incluye uno de los papeles de lucimiento para soprano, el de la protagonista, que en el aria “Il dolce suono…” llega a cantar las notas más altas del repertorio. Donizetti incluyó la armónica de cristal para reforzar la locura de Lucia, que irrumpe entre los invitados de su fiesta de boda toda ensangrentada tras asesinar al hombre que le han impuesto por marido. En su locura cree oír la voz de Edgardo, el hombre al que ama de verdad aunque pertenezca a un clan enemigo.

Natalie Dessay (soprano) protagoniza esta truculenta escena en un montaje de la Metropolitan Opera de Nueva York (2007):

-¡Aquí está! ¡Oh justo cielo! ¡Parece salida de la tumba!

-LUCIA: ¡El dulce sonido me llena de su voz!

¡Ah, esa voz desciende a mi corazón!

¡Edgardo! ¡me rindo a ti!

¡Edgardo!… Oh Edgardo mío!…

¡Sí, a ti me rindo!…huí de tus enemigos.

¡Un escalofríome recorre el pecho!… ¡tiembla cada fibra!…

¡vacila el pie!…

¡Junto a la fuente siéntate conmigo un rato!

¡Ah!…¡surge el terrible fantasma y nos separa!

¡Ah! ¡Edgardo! ¡ah!

Ocultémonos aquí, Edgardo, al pie del altar

¡Está cubierto de rosas!

Una armonía celeste, dime, ¿no la oyes?

¡Ah, suena el himno nupcial!

¡Se acerca nuestra ceremonia! ¡Oh, qué feliz soy!

¡Edgardo! ¡Oh, alegría que se siente y no puede decirse!

 

TAMBIÉN ES INTERESANTE…

…la página oficial de Robert Tiso, donde hay abundante información sobre las copas musicales, técnica, videos, galería fotográfica…

…otra interpretación del Adagio de Mozart a cargo de Thomas Bloch en un video que muestra la partitura. Pueden verse los frecuentes acordes de tres y cuatro notas (algo imposible en las copas musicales con un solo intérprete)

la “escena de la locura” de Lucia de Lamermoor completa y subtitulada en español (aunque sin armónica de cristal). Impresionante actuación de la soprano Joan Sutherland.

…esta escena de la película El quinto elemento (The Fifth Element, 1997) donde la diva alienígena Plavalaguna canta el aria “Il dolce suono” frente a un entregado Bruce Willis. La voz pertenece a la soprano albanesa Inva Mula y, curiosamente,  se desaprovecha la ocasión de emplear un sonido tan “extraterrestre” como es el de la armónica de cristal, eligiéndose la orquestación más convencional de flauta que sustituye al invento de Franklin:

…una extravagante versión de la misma pieza a cargo del popular cantante ruso Vitas. Este contratenor (cuyas proezas vocales son cuestionadas por quienes afirman que se deben en buena parte a “retoques” de estudio) es un cantante que mezcla con gran efectismo el pop, la ópera y el tecno en sus creaciones como “Il dolce suono” (en el que sustituye convenientemente a Edgardo por Esther):

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