Pizza, cerveza, cristales rotos y cascos con cuernos (I)

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LA ÓPERA EN LA PUBLICIDAD TELEVISIVA I

ACTUALIZADO CON NUEVOS VÍDEOS Y RESTAURACIÓN DE ENLACES (02/01/2017) 

La ópera es una excelente aliada de la publicidad. No importa que la mayoría de los espectadores de televisión jamás hayan pisado un palco o un patio de butacas para disfrutar de una velada lírica. Todo el mundo puede levantar el ánimo con una chispeante obertura de Rossini o emocionarse hasta las lágrimas con el aficionado que canta “Nessun dorma” en un talent show de audiencia millonaria. Porque el poder de seducción de la música en general y de la ópera en particular es incuestionable. Así que, señor publicista, si usted quiere vender su producto con un toque de clase, no lo dude, vista de tiros largos el nuevo automóvil, la salsa para pasta, la marca de cerveza o el seguro para el hogar con un buen aria de bravura o un bonito intermezzo; con una melodía reconocible de calidad contrastada y casi siempre, además, ¡libre de derechos!

¿Por qué la ópera? Pues porque al arte de la música suma otros elementos como la escenografía, el vestuario, los personajes estereotipados y tiene unos valores añadidos, un “universo propio” lleno, sí, de tópicos y errores, pero que funciona a las mil maravillas. Un fragmento bien elegido puede crear un clímax emocionante en apenas unos segundos, o transmitir cualquier sensación y potenciar las cualidades de un producto, pero nosotros vamos a dedicar estas dos primeras entradas de la serie a esos divertidos anuncios que parecen haber usado este…

Manual de tópicos, clichés e ideas más o menos tontas para usar la ópera en un anuncio de televisión (primera parte)

1. Departamento de tallas especiales

Como todo en la ópera es a lo grande, los cantantes necesariamente han de estar gordos. Algo de verdad hay, especialmente en otros tiempos, pero vamos, es que en estos anuncios es una condición obligatoria, así que nos limitaremos a poner dos ejemplos (uno para él y otro para ella). Si alguien quiere profundizar en el tema puede leer el ensayo del crítico Roger Alier “La obesidad en la ópera”  con anécdotas como el fracaso del estreno de La Traviata por culpa de la talla de Fanny Salvini-Donatelli (Violetta), “una soprano cuya olímpica robustez hacía totalmente inverosímil su muerte escénica causada por la tuberculosis” provocando carcajadas y algarabía entre el público. Como todo en la ópera es a lo grande, el artículo tiene más de 200 páginas, aviso.

2. Cascos con cuernos

El vestuario de los cantantes debe incluir, obligatoriamente, un casco con cuernos de aspecto vikingo (y eso que, por lo visto, los vikingos no llevaban cuernos en el casco). En su defecto, pueden utilizarse cascos con alas tipo Walkiria, esté o no esté Wagner de por medio. No es excusa que la ambientación original sea en Sevilla: unos cascos con cuernos o alas y viva la torre del oro… del Rin. Aquí cuatro cornudas muestras (hasta cuernos alpinos hay), pero saldrán muchas más:

3. Viva l’Italia!

La ópera es italiana, pero italiana al cien por cien, así que si se trata de comer pizza, lasagna o panettone, que sea con ópera (aunque sea con una ópera francesa como Carmen). Si resulta que nuestra pizza es Made in Germany, con un poco de Rigoletto se italianiza y en paz.

4. Tutto Pavarotti

Mucho antes que el cine o el deporte, la lírica ha contado con sus superstars, que en ópera se llaman divos y divas porque ponen voz a los dioses y a veces se endiosan un poco también. No todos son tan simpáticos como lo fue el ya desaparecido pero inolvidable Pavarotti, el divo más popular (da igual que muchos lo llamaran Tutto en vez de Luciano) y el que más anuncios ha protagonizado.

Y si nuestro anunciante no podía permitirse el cachet del tenor, no importaba, para eso están los dobles más o menos apañados,  y de paso formamos un dúo gastronómico-lírico con Maria Callas o le hacemos cantar un rol de barítono.

5. Sópera (ópera hasta en la sopa) 

Todos podemos ser víctimas de la ópera, porque los cantantes no tienen suficiente con sus funciones de tres horas o más y se dedican a actuar  por sorpresa en los lugares más inesperados, lo mismo te montan el espectáculo en el bus que se te meten en casa o en el coche. Las reacciones no son siempre amistosas. ¿Otra vez usted? ¡Qué pesado!

6. Ellas rompen cristales

La vibración de un gorgorito de la prima donna hace añicos las copas, gafas y cristales en general. Por lo visto tras cada función se reponen todas las lámparas del teatro. Allá van cuatro ejemplos, pero saldrán unos cuantos más.

7. Ellos también rompen lo que pueden

Que sí, que todas estas voces son peligrosísimas. Una nota tenida puede desarmar a un ejército y un falsete destruir una ciudad. Por cierto, el señor del segundo vídeo es el cantante ruso Vitas, al que ya escuchamos versionando a Lucia de Lammermoor en otra entrada, y aquí por romper, hasta rompe aguas (bueno, bocas de riego)

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